Buscando por Diciembre de 2008
CAJAS DE RESISTENCIA
Por jlmellado el 13 de Diciembre de 2008
El Emperador José María Aznar I de España y V de USA (por cierto, ¿no tienen ustedes la sensación de que se la ha ido definitivamente la olla?) ha pronunciado en un Congreso de Las Nuevas Generaciones la frase que corrobora la clara intencionalidad de su presencia en la política: “¡¡¡A ganar, en política se va a ganar, se está para ganar!!! Cómo le agradezco que lo diga tan alto y tan claro: “¡¡¡A ganar!!!”. Evidentemente; él está para ganar; lo mismo que están la Banca, los magnates del petróleo, los que mueven la Industria Armamentística, los concejales y alcaldes corruptos… a ganar, ganar a espuertas, sin límite ni decoro. Lo peor es que estas ideas se van trasmitiendo a todos los ciudadanos, a los más jóvenes, a los que llegan malamente a fin de mes, a los que ansían ser ricos por encima de todo… y así, a algunos se les olvida que la vida está para disfrutarla, compartir el vino, los cantos y las palabras; usar sin necesidad de poseer. Aznar, dios menor, dice que sólo hay que ganar; igual que dice que a Él no le van a contar lo que puede beber para coger el coche; que en Irak había armas de destrucción masiva y un largo sinfín de despropósitos y desafíos. Todos los poderosos quieren ganar. Atesorar el vino para racionárnoslo a los mortales. Los acaparadores saben bien que ante las necesidades, el miedo tienta a todo “perro pichi” a perder la dignidad. En los años 70 había una fórmula para resistir las huelgas con salud: se llamaba “caja de resistencia”. Era un cofre en los que todos los trabajadores que apoyaban una reivindicación vertían víveres y dinero, para que los huelguistas pudieran hacer frente a aquéllos que, desde sus despachos, esperaban a que la necesidad o el hambre hicieran perder a los rebeldes el ánimo y la energía necesarios para sostener su protesta. La caja funcionaba, vaya si funcionaba. Era un dinero solidario, una caja repleta de apoyo al “plantar cara” a las injusticias que pesaban sobre los trabajadores. Cajas de dignidad y aguante, en un tiempo en que sí tenía sentido sostener a escote el esfuerzo de aquéllos que, en primera línea y por convicción personal defendían claramente los derechos de todos. Los mensajes de contricción anímica que hoy nos están lanzando algunos, escudados en la llamada “crisis del libre mercado” son una pura obscenidad . ¿Y si mantenemos la dignidad, por encima de quienes pretenden cargarse la discrepancia a base de miedos, inseguridades, sometimientos? ¿Y si trabajamos nuestras cajitas de resistencia? ¿Y si recuperamos los cantos que la propiedad silenció? Hablo de dignidad y de solidaridad; de compartir, depositar palabras, ayuda, coplas, abrazos y cortes de manga. ¿Por qué siempre la clave a nuestros problemas la van a tener los mismos? Pongámonos manos a la obra ante la desvergüenza de quienes nos dicen que no hay alternativas fuera del actual sistema. Las cajas de resistencia son una alternativa; pequeñita o no, pero alternativa. Se trata de empezar; ya cundirá el ejemplo; poco a poco. Empecemos entre nosotros, en nuestro barrio, a despertar “la posibilidad” de algo tan irreverente como echarnos una mano unos a otros.¡Venga! Hagamos cajas de resistencia, con orgullo; para ir cogiendo si falta, para ir poniendo si tenemos un poco de sobra. Todo se puede, pero hay que querer, hay que tener deseo de ello. Decir “no vale todo, conmigo no cuenten”. ¿Quién se apunta? Algunos de ustedes dirán que esto es un llamamiento a la insurrección, y efectivamente, lo es. En estos momentos en que se pide desde los ecos del viejo poder que bebamos sin límite al conducir, que nos caguemos en la educación para la ciudadanía, que nos aferremos al “ganar” sin medida; que seamos, en cambio, sumisos con el libre mercado y con el hecho de que media humanidad muera de hambre para que unos pocos gocen de privilegios bochornosos, en estos confusos momentos algunos decimos: vamos a hacer cajas de resistencia. Resistencia ante tanta mala baba y tanta desfachatez, para que no nos cuelen el “no hay alternativa”, por el hecho de que las alternativas que hay ahora y siempre, a algunos les den miedo.
Terrenos Ocupados
Por jlmellado el 5 de Diciembre de 2008
No recuerdo dónde, hace unos días leí esta frase en un artículo, refiriéndose a la llamada guerra de los crucifijos: «los católicos nos hemos dejado comer el terreno». De nuevo tengo que evidenciar que el inconsciente se filtra en el discurso racional, a pesar de las voluntades de los seres humanos. Que los católicos han creído y creen tener un terreno perfectamente acotado y con certificado de propiedad, es obvio. Pero resulta que son ellos los que hacen apología de la generosidad, del amor universal, y de la caridad. Nosotros, los no creyentes, los ateos, los no católicos, pareciera que estamos condenados en este país a ser los representantes de la maldad, del egoísmo y de la caída de los valores. Yo, sin ir más lejos, no tengo ningún terreno de pensamiento con carta de propiedad. Es más, pienso que en el mundo de las ideas, más que en ningún otro, es necesario abolir de una vez por todas, la propiedad privada. Ni siquiera voy a hacer proselitismo de la no creencia; cada cual que se apañe con su resorte ético, con su manera de estar en el mundo. Pero, eso sí, reclamemos la responsabilidad de cada individuo de sostener una fe, una ideología, o de carecer de alguna de ellas. Si lo que quiere decir el autor de la frase es que la libertad ha entrado en un terreno sostenido hasta ahora por la intolerancia, bienvenido sea. Pero si lo que veladamente propone es algo así como volver a la sacrosanta inquisición, echar a los moros de España, o que la educación religiosa sea de nuevo obligatoria, entonces habrá que levantar alguna que otra barricada. Por ejemplo, la de apoyar a ciudadanos que, al igual que el involuntario provocador de la gran polémica, consideren anticonstitucional el que en una escuela pública haya un símbolo que discrimine a alguien, aunque se trate de una sola niña. La Justicia le ha dado la razón, aunque quede pendiente el recurso que ha presentado contra esta sentencia la Junta de Castilla y León, (salida que yo personalmente considero bochornosa por lo cobarde. ¿Con qué iglesia habremos topado esta vez?)
Sepa usted, autor desconocido, que los católicos, aún a su pesar, no tienen ningún terreno. Vivimos en un espacio común donde hay sitio para todos, incluidos los que añoran las delicias del nacionalcatolicismo. Alguien se preguntaba a quién podría molestar una cruz. Pues bien, cuando la presencia de esa cruz significa exclusión, desconsideración, dominio, privilegios, y otros muchos conceptos de ese pelo, a mí me molesta sobremanera. Un padre de familia (palentino, por cierto) ha dicho NO. «Conmigo no cuenten como cómplice de un silencio que ha tardado ya demasiados años en romperse». Y hay muchos bautizados que pensamos lo mismo. Porque estar bautizado no quiere decir necesariamente ser católico, sobre todo sabiendo que en una época no muy remota, no ser bautizado era prácticamente un delito.
Pocas cosas veo positivas en la globalización, pero rescato una: que el mestizaje es ya imparable. Razas, credos, costumbres, mitologías (incluida la católica), están dentro de una coctelera de la que todos irremediablemente beberemos. Degustemos la variedad sin rasgarnos las vestiduras. O mejor, que se las rasgue quien quiera si de lo suyo gasta; pero bebamos, tanto los ávidos de futuro como aquéllos que sienten que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Declaro mi convencido apoyo a este valiente y responsable padre. Decir no es tarea esencial de la vida y de la educación, tanto si la sinrazón viene de la mano de la llamada mayoría católica, como si llega introducida por el consabido buen rollito en forma de papelina de polvo blanco.

